9:00 Ya en la panadería, las piernas me cosquilleaban por los nervios del retraso, sólo nervios porque de arrepentimiento ninguno. Con decisión me puse a la cola, total 5 minutos más cinco minutos menos...da igual.
La panadera: Leche calentita....jejej
Yo: Siiii, -siempre me pregunta lo mismo mientras yo evito mirarla-.
Qué asco! todo igual que siempre.. hasta que su mirada me atrapó el aliento. No quise girarme, estaba a punto de llorar, su cara se me había pegado ya en el estómago y, a pesar de mi desesperación, el encuentro frontal fue inevitable.
En el momento justo de la salida, su tercer ojo ya me había penetrado el alma. Con la cabeza baja sortée los obstáculos hasta la puerta sin dejar de fijarme en su pantalón verde sucio. Olía a a azufre y pesaba tanto que casi tuve que saltar sobre su sombra para evitar el aplastamiento brutal de su soledad sobre mía. Al el umbral eramos más que amigos de siempre. Sonriendo retrocedí, calentándome las manos con el vaso de poliespán me paré en la acera de enfrente y le mostré directamente mi inquietud. Él, sonriente, con unos dientes casi invisibles se burlaba de su vida y de la mía, mientras entre ellos desaparecía la leche fría porque el café ya había entrado en vena.

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