divendres, 23 d’abril del 2010

BIODEGRAPHY

Nací de pie, o sea colgada, un 19 de junio, sobre la línea equinoccial, justo en el año de los come flores.

Debe ser por esto que a mis 37 años pruebo a hacerme peinados a estilo beatle, juego a las películas y de vez en cuando, con la cabeza debajo de la ducha, bailo el hip ola hop.

Tengo un pie en el continente y otro en mar abierto, desde hace casi quince años, cuando por amor me decidí a cruzar el océano y dejé a mi otro yo en la habitación de soltera con moqueta.

Hasta aquí, todo bastante normal, un poco superficial quizás, sino fuera porque me encantan los masters. Si no tienes uno no estás en nada, o lo compras, o lo vendes y si no por lo menos te lo inventas para guardarlo en el portátil, ese sitio precioso donde están mi intimidad, mis palabras y mis recuerdos.

Es como una cajita de cositas igual a las que me fabricaba cuando era niña para entre-tenerme sola. Según dice mi gente, hasta los seis años siempre estaba muy ocupada, sería porque no había aprendido todavía a preocuparme…

La preocupación viene después, cuando aprendes las diferencias, aquí ya la cosa cambia. El otro día por ejemplo, mi colega del trabajo se sonrojó cuando le dije que no me molesta para nada que me llamen sudaca, lo tengo asumido, y hasta me gusta le dije, y ella respondió incómoda, bueno, tengo un amigo como tú que es hijo de madre colombiana y padre español y dice que es un panchito…
¿panchito?, vale, pero eso no soy yo, eso es mi hijo…, le dije.

Ahora mismo él está dormido, al mismo tiempo que sus abuelos maternos están despiertos soñando con él.
Este es un efecto del multitasking, que a mí me ha marcado la vida. De los 15 a los 18 un poco de flashdance, algo de guerrilla y el gusanillo de libertad que me provocaba volverme periodista.
A los 20, la fotografía y los guiones, y el primer trabajo de secretaria para los gastos, todo de golpe.
A los 22 sufro una revolución hormonal gracias a la influencia de 5000 jóvenes verdes…que defendían al planeta en Río de Janeiro.
De los 24 a los 27 dejo de repartir el períódico y me voy a buscar otro rollo. Me encuentro conmigo y me dedico al Marketing. Me pierdo.
Vuelvo a mis raíces, me recupero. A los 30 abandono a los míos y me caso con los suyos, y aunque sigo extrañando a los primeros, soy vecina de los segundos.

Ahora, después de mucho, formo y me transforman. Sigo intentando atraparme, girar sobre mi propio eje, gracias a mi coco todo un ejemplo de movimiento de rotación, me he visto obligada ha dejar la translación como sistema de vida.

Será también porque mi corazón ha encontrado algo que hace años perdí en el banco de una estación y que, sin querer se escribe, se escribe y se escribe.

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